lunes, 26 de octubre de 2020

Melincué

 Escuchamos cuarteto

ya no hay música propia o 

ajena

el balneario de provincia

no conoce lo privado

los adultos ociosos

se sientan en el agua

medio cuerpo sumergido

toman fernet en vaso 

de aluminio, arrastran 

ligeras las manos

como arañas 

por el piso de barro 

conversan chucherías 

las madres,

refuerzan virilidad los chistes


transpira mi cara,

si jugamos guerra de barro

me olvido

de mi deseo urbano

te alcanzo, salpico

compenetrada acuática

vuela amorfa una pelota 

de tierra y agua

no quiero

dejar la laguna

quiero mojarte


vuelvo a la costa

esquivando maleza

en puntas de pie

los bichos se posan

de a miles 

en la superficie, lentos 

se escapan

en nubes,

la mesa plegable 

tapada de pan

salame

sal

tengo sed 

coca tibia

ni un nudo de viento


pasa la tarde

un tábano 

me persigue 

carnoso, lento 

me muerde

cuando pienso que no puedo

soportar más el sol

desciende

termina la jornada

con más fuego 

choripán


a la vuelta 

un monte de eucaliptus

picos inalcanzables

intenta resignado

soportar el último

sol naranja,

sobre la ruta caen

las luces 

las sombras

una cebra que arde.


viernes, 21 de agosto de 2020

Mediodía


Anduviste en rollers 

por la senda del parque municipal

Scalabrini Ortiz

yo leía

sentada en un banco de cemento

sin respaldo

y el olor a cerveza

todavía húmeda de las colectividades

se rehusaba a evaporarse 

un domingo de marzo


Tomando sopa de letras

amarré al borde del plato

La forma de una palabra

Que dejaba en mi cabeza

La imagen sonora

De tu cara

jueves, 13 de agosto de 2020

Audrey

Hacés una pollera con tus manos

marrón plisada

quebrás el cuello afilando el mentón

dejas el peso de tu cuerpo 

caer

sobre azulejos cuadrados

suave sofisticada

tu mirada

como si tuvieras viento en la cara

las cejas forman un triángulo

el lunar un vértice

una taza de café

tu suéter color cereza


martes, 30 de junio de 2020

nada de lo que escribí lo escribí como lo viví. Corales

Estoy de turista en San Andrés y aparece una tormenta en el medio del mar de un color más oscuro que el agua, que es clarísima. El viento viene ahí y mi papá me da plata porque, a veces, sabe lo que quiero. corro en la arena, alquilo un equipo de kite y entro a navegar. El agua es el lugar donde más disfruto la tormenta. Aunque me da un poco de trabajo entrar al mar, logro esquivar todos los barquitos que se amarran en la costa y me quedo en la soledad de la lejanía. Me asustan las manchas que se ven en el fondo del mar aunque sean corales o cosas así, para mi son todos tiburones, orcas y rayas. Pero igual disfruto el agua clara, la tormenta oscura. Disfruto ir y venir sin hacer ninguna maniobra que pruebe que se hacer algo. Solamente hago frontroll una y otra vez, aunque sea un truco básico siento que bailo en el aire, un giro y aterrizo en el agua. Es una maniobra de danza y cuando vuelo siento la brisa en mi cara y mis pies colgando, atrapados en las botas de la tabla. Cuando caigo no me interesa seguir andando, a veces con quedar flotando semi sumergida me conformo, porque suele hacer calor y eso me refresca, aunque por ahí me da miedo que un lobito marino o algún pez me muerda el culo, sobre todo en verano, cuando no uso neopren. 

Que hermoso es navegar en este agua, por momentos me olvido del miedo que me da el mar y disfruto, aunque la sal me seca toda la boca y los ojos me arden, y la espuma de a ratos me empuja y me molesta un poco, barre mi tabla. Disfruto.


tundra

era suave adentro aunque todo ofrecía  resistencia alrededor era un animal de la nieve boreal percusión no podía escuchar solo entendía al t...